18 de octubre de 2012

El perro

Se los presento, él es Tito, acá volviendo de la veterinaria, con su collar nuevo:

Y la historia de cómo nos eligió es muy tierna, llegábamos a casa un día musical largo, y luego cumpleaños, como faltaba alimento para el gato paramos en la mascotería, el perro estaba adentro, siempre hay perros así que lo saludé, muy simpático movía la cola, y me miraba fijo. Pregunté por él, porque nunca lo había visto, y las chicas me contaron que hacía varias semanas que lo tenían ahí de día y a la noche lo sacaban, sabían que había tenido familia, pero que lo habían dejado en la calle, estaban buscándole una familia.

Para ese momento el perro parecía como que entendía todo lo que estaba pasando, sentado como estaba apoyó su lomo en mi pierna, y con 2 caídas de ojos que hizo me conquistó, les dije que iba a consultar, que me gustaba, justo llega otra clienta y les pregunta por el perro que todavía lo tenían y que lo iba a pisar un auto a la noche en la ruta (conste que la estoy haciendo corta). Ahí no lo dudé más, y lo traje a casa.

Desde que llegó que se comió pantuflas, sandalias y zapatillas, le encantan son los cables, se comió los de todas las lámparas, alargues, aspiradora, y la lista sigue.

Lo castramos hace 10 días, pobre, la pasó mal, se agarró una infección, lo llevamos al veterinario cada 2 días a que lo limpien, desinfecten, y le den antibióticos, por suerte ya está bien recuperado.

Tiene alrededor de un año, a pesar de todo lo que rompe, que le encanta el barro, meterse en la pelopincho y después revolcarse en la tierra, hacer pozos, y comerse todo lo que no debe lo adoramos, es un bicho divino, súper cariñoso, estamos tratando de que se calme un poco cuando llegamos y no nos salte, se emociona por todo, le encanta que le tiren cosas e ir a buscarlas, y sobre todo le encanta estar con nosotros, cuando nos vamos se queda encerrado en el hall frío, que quedó desierto, porque lo que sobrevivió a sus dientes lo tuvimos que sacar, así que sólo tiene su alfombrita (hasta eso se está comiendo de a poco el tarambana) y sus tachos, que ya son los segundos, primero le compramos los comederos de plástico y no duraron ni un día, ahora tiene de metal, y algunos chiches para morder.